Hay una cosa curiosa en el tenis juvenil. Todos hablan del futuro, de los procesos, del ranking, pero casi nadie habla de lo injusto que puede llegar a ser todo. Porque si eres bueno, muy bueno, te cruzas con los mismos monstruos torneo tras torneo. Y si no eres tan bueno, nunca llegas a cruzarte con nadie. El circuito se convierte en una sala de espejos donde siempre ves las mismas caras.
El Serial Mouratoglou propone algo ligeramente distinto. No es revolucionario, no van a repartir becas millonarias ni van a cambiar la estructura del tenis mundial. Pero tiene dos detalles que merecen la pena ser contados.
El primero es que es un Grado 3. Eso significa, en el lenguaje de la Federación Mexicana de Tenis y la Asociación de Tenis de Jalisco, que los jugadores que aparecen en el Top 30 de su categoría no pueden inscribirse. No es una norma caprichosa. Es una decisión que permite que otros compitan, que los que vienen detrás tengan un respiro, que los que siempre pierden en cuartos de final contra el mismo tipo puedan, por fin, jugar una semifinal sin tener que mirar el sorteo con miedo. Es como si en la Liga Premier de repente el Manchester City tuviera que quedarse en casa una temporada. El fútbol no sería peor. Sería distinto. Y seguramente más interesante.
El segundo detalle es el formato. Cuatro etapas. Cuatro fines de semana de competición repartidos en el calendario. Al final de cada una, hay trofeo para el campeón y para el finalista de singles. No es un premio menor. Hay jugadores que acumulan finales perdidas como quien colecciona cromos. Un subcampeonato sigue siendo un resultado. Y tener un objeto físico que lo confirme ayuda a seguir adelante.
Pero el asunto serio, lo que de verdad le da peso a todo esto, es lo que pasa si ganas las cuatro etapas. Si eres el mismo campeón en cada una de las cuatro paradas del serial, te llevas una semana entera en la Academia Mouratoglou de Tampa, Florida. Con todo pagado. Vuelos, comida, alojamiento, entrenamientos. Allí, donde han ido a pulir su juego algunos de los mejores jóvenes del planeta, con un método que no es secreto pero que tampoco se aprende viendo vídeos en YouTube.
No es solo un premio. Es un viaje que cambia la manera de entender el tenis. Porque una cosa es ganar torneos locales, incluso con cierta autoridad, y otra muy distinta es entrenar durante siete días rodeado de gente que respira tenis las veinticuatro horas. Esa semana funciona como una sacudida. Te das cuenta de lo que te falta, de lo que haces bien y de lo mucho que te quedaba por aprender. Esa es la verdadera experiencia trascendental. No la foto con la raqueta en la playa de Florida. El momento en el que entiendes que el tenis no era solo lo que hacías los sábados por la tarde.
La primera etapa se juega del 25 al 28 de junio en el Mouratoglou Tennis Center de Guadalajara. Las inscripciones cierran el 22 de junio. Si estás en el Top 30, lo siento, esta vez no puedes participar. Pero si no lo estás, igual es tu momento. No porque vayas a ganar sí o sí. Sino porque por una vez, el circuito se ha tomado la molestia de apartar a los candidatos habituales y dejar la puerta abierta para los demás.
Y eso, en el fondo, es lo más parecido a una oportunidad real que puede tener un juvenil sin que medie un milagro.