En el Club Providencia, como en esas novelas que uno empieza sin saber bien cómo terminarán, el sábado pasado se cerró un capítulo y, al mismo tiempo, se escribió la primera línea del siguiente. Esto no es solo un torneo que termina. Es el prólogo. Y en los prólogos, como saben los que leen con atención, siempre hay pistas de lo que vendrá.

La cancha, ese rectángulo de polvo y destino, fue testigo de un duelo que tenía más de conversación entre generaciones que de simple partido de tenis. De un lado, Miguel Ángel Escandón: el tipo que el año pasado todavía despedía su etapa juvenil con viajes, trofeos y esa mezcla de alivio y nostalgia que da terminar algo para empezar otra cosa. Llegó con un tenis que no pedía permiso. Atacante, directo, como si cada golpe fuera una declaración de principios: “Ya no soy el juvenil que fue. Soy el amateur que quiere ser.”

Del otro lado, Eduardo “El Burrito” Orozco. El hombre que entraba no a jugar un partido, sino a defender un título, un año invicto, y algo aún más abstracto: la idea de que lo que se gana en esta cancha no se regala, se defiende. Con cada punto, parecía decir, sin decir nada: “Esto es mío. Venga a intentar quitármelo.”

Y vino. Y lo intentó.

Durante un rato, fue como ver a dos tipos que hablaban idiomas distintos pero peleaban por lo mismo. Escandón, con su tenis de ataque puro, de determinación fresca; Orozco, con su tenis de memoria, de puntos largos, de paciencia que duele. No fue un partido, fue una demostración: de lo que se deja atrás y de lo que se aferra, de lo que se promete y de lo que se cumple.

Al final, la experiencia pesó más que la ambición. O tal vez fue al revés: la ambición de quedarse fue más fuerte que la ambición de llegar. Orozco defendió lo suyo. No regaló nada. Ni un punto. En el tenis amateur, como en la vida de cualquier sábado por la tarde, nada se regala. Todo se pelea. Todo, hasta el último punto, hasta la última pelota que decide no volver.

¿Qué nos dejó esta final? Más que un ganador y un finalista, nos dejó el anuncio claro de lo que será el Circuito Jalisco Amateur Pocari Sweat ATJ 2026: una temporada en la que cada partido será una pequeña batalla por ser mejor, por superar al que fuiste ayer, por enfrentar al que tienes enfrente hoy. Una comunidad que no viene solo a competir, sino a crecer. A sudar la camiseta y, en el proceso, encontrarse con versiones de sí mismos que no conocían.

El torneo en Providencia terminó. Pero la cadencia, esa cadencia tenística que no es más que el ritmo de las raquetas, los gritos ahogados y las pelotas que cruzan la red, sigue. La próxima parada ya tiene nombre: Torneo de la Amistad. En el Club de la Colina. Del 9 al 21 de febrero.

Porque esto, al final, nunca fue solo un partido. Era la primera página. Y ustedes ya están leyendo.


La línea final, porque hasta los prólogos tienen que terminar:
🏆 Ganó Orozco. No perdió Escandón. Ganó el tenis.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like

GDL Open: El mejor plan familiar de la temporada

El GDL Open no es solo para fanáticos del tenis. Es para quienes quieren sentir algo real, algo vibrante. Es para familias que quieren salir de lo cotidiano y vivir algo extraordinario, juntos.